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El patinete eléctrico no es nuevo: así se usaba hace un siglo

Lunes, Marzo 11, 2019

Arthur Hugo C. Gibson y Joseph F. Merkel diseñaron a principios del siglo XX el Autoped, comercializado por una compañía neoyorquina y muy similar a los modelos actuales

Algunas fotografías de las dos primeras décadas del siglo XX se parecen mucho a algunas imágenes que actualmente podemos ver en las ciudades, solo detalles como la ropa o los edificios nos dan pistas de que se trata de estampas de otra época. En la historia del desarrollo tecnológico abundan los ejemplos de ideas que surgieron en una época y que por diferentes motivos no triunfaron, pero que se desentierran un siglo después consiguiendo el éxito comercial.

 Este sería el caso del patinete, una opción de movilidad alternativa en las urbes que cada día cuenta con un mayor número de adeptos y que, debido a su incremento, está obligando a muchas ciudades a regular su uso. Este vehículo, símbolo de la modernidad y la sostenibilidad, no es nuevo y hace 100 años ya intentó conquistar los espacios urbanos; pero el invento se adelantó a su tiempo y, tras unos años de auge, empezó a ser sustituido por otros medios y, finalmente, acabó cayendo en el olvido.

A principios del siglo XX, una época de exploración e innovaciones, comenzaron a añadirse diferentes motores a todo tipo de vehículos; motores eléctricos, de explosión y de vapor se aplicaron a automóviles, camiones, motocicletas, triciclos y, por supuesto a los patines. Hay que recordar que fueron unos años en los que todavía no estaba claro hacia dónde se dirigiría el mercado del transporte y estas tres tecnologías luchaban por hacerse un hueco.

MODELO PIONERO

Uno de los primeros modelos de monopatín fue el fabricado, desde 1915 hasta 1921, por Compañía Autoped, de Long Island City, Nueva York. Este vehículo tenía dos versiones, una con motor de gasolina y otra eléctrica. La máquina estaba propulsada por un motor colocado en el lado izquierdo de la rueda delantera y podía alcanzar una velocidad máxima de unos 35 kilómetros por hora, aunque lo más común era que no se desplazara a más de 20, para no volverse inestable. Disponía de luces delanteras y traseras, una bocina y una caja de herramientas.

Una de las primeras patentes que se conservan de este dispositivo es la de Arthur Hugo Cecil Gibson, al que se le atribuye la creación de Autoped, aunque Joseph F. Merkel, uno de los diseñadores de motocicletas más conocidos de los Estados Unidos, llevó la máquina a un estado comercial. La idea era fabricar un vehículo de tamaño pequeño, compacto, ligero, fácil de manejar y destinado a una sola persona, preferiblemente en posición de pie, para que pudiera ser empujado por el conductor. Además, este monopatín representaba todo un avance para la época, ya que el manubrio, donde se encontraban todos los controles de mando, se podía plegar sobre la plataforma, permitiendo que el vehículo ocupase menos espacio.

Este medio de transporte fue utilizado principalmente por los trabajadores del Servicio Postal de los Estados Unidos, por miembros del cuerpo de policía y, también, por los delincuentes, que se desplazaban en él para escapar de las fuerzas del orden cuando eran perseguidos. Pero el Autoped no estaba al alcance de cualquiera, costaba 100 dólares y se publicitaba como un vehículo elegante para los habitantes de las metrópolis y parte del marketing se centró en las mujeres.

Desgraciadamente, como otros interesantes avances tecnológicos de la época, no prosperó. Se cree que el gran desarrollo que alcanzó Henry Ford en sus motores de gasolina aplicados a los coches, unido a las continuas novedades que iba introduciendo y al progresivo abaratamiento de sus modelos -en 1920 se podía conseguir un vehículo por 250 dólares-, llevó al ostracismo a muchas de estas máquinas, entre ellas el coche eléctrico, que dejó de fabricarse en 1935.

El Autoped tuvo muy buena aceptación en Europa, especialmente en Gran Bretaña, donde comenzaron a usarlo celebridades como la actriz Shirley Kellog, que se desplazaba con el patinete por Hyde Park, o Sir Henry Norman que lo empleaba para ir a la Cámara de los Lores y que, además, regaló uno a su esposa, la sufragista Florence Norman, para que pudiera trasladarse con más comodidad a su trabajo.

En 1919, la compañía alemana Krupp obtuvo la licencia para fabricar el Autoped, al que cambió el nombre y le fue introduciendo diferentes mejoras. El vehículo al que bautizaron como Krupp-Roller disponía de asiento e iba más rápido que la versión estadounidense. La potencia de su motor eléctrico llegó hasta 2600 vatios.

Aunque en 1922 dejó de fabricarse, su legado inspiró a otras compañías que rediseñaron este ciclomotor con asiento, que fue el precursor de diferentes modelos de motocicletas escúter que triunfarían tras la Segunda Guerra Mundial.

La preocupación por el medio ambiente y las nuevas formas de movilidad urbana han resucitado un siglo después a un artefacto que fue pensado para recorrer distancias cortas de forma rápida y eficiente, con un concepto muy cercano al de los primeros vehículos, funcionar con electricidad.

 

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